miércoles, 3 de junio de 2009

UNA TRAVESIA HACIA UN LUGAR REMOTO



El lunes pasado, un grupo de valientes caballeros, su tutora y yo, nos embarcamos en una travesía hacia un lugar remoto de nuestro extenso reinado llamado Santiago; hacia un lugar lejano conocido como Quinta Normal, a conocer a un grupo de magos ya retirados en su castillo.
El viaje comenzó con un extenso y complicado recorrido a través del reino, el que nos llevó un día y medio, en que tuvimos que sortear una serie de retos como comprar en el mercado y cambiar de caballos. Cuando nuestro viaje hacia Quinta Normal hubo terminado, llegamos al castillo donde se encontraban los magos, Cuando ya haciamos frente a los magos, mi sorpresa fue grande al ver como el tiempo había hecho estragos en su cuerpo y en su personalidad; a tal punto que algunos apenas movían su cuerpo y a otros, era a veces imposible entender lo que trataban de comunicar, lo que causó en mi ser una sensación de tristeza muy grande al verlos en tal estado.
Cuando ya nos atrevimos a hablarles y nos acercamos a saludarlos, grande fue mi impresión al ver que algunos no tenían interés de que estuviéramos ahí y nos dejaban con la mano extendida en busca de un simple y grato apretón de manos.
Esto me causo desconcierto, no por el simple hecho que no te saludaran, sino por el hecho que de no nos tomaran en cuenta; o no sabían las ganas que teníamos y el esfuerzo que habíamos hecho para estar ahí con ellos, compartiendo quizás solo unas palabras.
Pero después de reflexionar, entendí que quizás esos magos se sentían como si fueran dragones de feria y un grupo de niños bellacos vinieran a verlos, como si fueran una atracción más y esto fue lo que me causó en un "principio" molestia por su actitud. Pero después de un rato "al parecer" ellos entendieron que nuestra intención no era molestarlos y logramos hablar y en algunos casos reírnos con sus historias. Cuando llegó el momento de retirarnos, me despedí de todos y cada uno de ellos con un nudo en la garganta, una experiencia grata y un poco de tristeza de saber cómo es la vida de aquellos que su vida ya pasó y que no tiene ningún familiar que los acoja y con la idea de poder algún día volver a tener una experiencia tan grata como la que viví ese día y sabiendo que gracias a esto, madure un poco más como persona, al igual creo que los caballeros que me acompañaban.

Para finalizar quiero darle las gracias a la "tía" Verónica Pardo por habernos llevado a ese lugar, ya que representa en gran parte como viven actualmente las personas de la tercera edad en nuestro país y lo más terrible es que algunas personas no conocen ésta realidad y otras no hacen nada para mejorarla.